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Mañana termina el tercer año hidrológico más seco desde que hay registros

A pesar del espejismo de las últimas lluvias, las reservas actuales de agua embalsada apenas superan el 30%

Mañana termina el año hidrológico 2021-2022 (1), y lo hace situándose como uno de los tres más secos de la serie histórica. Se cierra un año hidrológico marcado por olas de calor intensas y con precipitaciones que han sido un 25 % inferiores a la media. Las reservas de agua embalsada están al 32,5 %, las más bajas en los últimos 27 años.

Cabe recordar que el 75 % del territorio español está en grave riesgo de desertificación. Desde mediados del siglo XX, el clima árido, en detrimento del templado, no ha hecho más que avanzar en todo el país a un ritmo de unos 1.500 km² al año (el equivalente a la isla de Gran Canaria o a más de 204.000 campos de fútbol), según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Para el responsable de la campaña de Agua de Greenpeace, Julio Barea: “Es hora de entender que España tiene un grave problema con el agua debido a su mala gestión. Las personas, los ecosistemas y la economía están expuestos a múltiples riesgos por ello. De seguir con las mismas políticas de despilfarro, agresión y contaminación del agua, el país puede encontrarse en los próximos años con serios apuros para abordar el abastecimiento y el reparto de este recurso imprescindible”.

De nuevo, ha habido una falta total de previsión para hacer frente a los periodos secos, como el actual. Y los venideros serán aún peores. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en las próximas décadas la región Mediterránea tendrá menos agua disponible por el descenso de las precipitaciones y el aumento de la temperatura, que producirá mayor evapotranspiración. Como muestra, el periodo entre mayo y agosto ha sido el más cálido y seco de toda la serie histórica y septiembre ha continuado batiendo récords de calor, a juzgar por los datos de la Agencia Estatal de Meteorología. Según el Instituto de Salud Carlos III, este año 3.833 personas han perdido la vida en nuestro país por causas atribuibles a las altas temperaturas registradas en los meses de julio y agosto.

Algunas de las voces más expertas reunidas en la Semana Mundial del Agua, celebrada en Estocolmo en agosto, denunciaban, con preocupación, que se han superado los límites del agua dulce a escala planetaria. Sin embargo, a pesar de este grave escenario, las administraciones españolas siguen considerando España como país rico en agua. En la biodiversidad y el medioambiente, los impactos de la falta de agua son casi irrecuperables. De empeorar la situación, como ya se prevé, la falta de agua afectará gravemente a sectores como la agricultura y la ganadería con serias pérdidas económicas, elevará los riesgos sanitarios y llegará a motivar conflictos sociales por el reparto del agua.

Greenpeace ha salido a la carretera para mostrar, con imágenes, algunos ejemplos de sequía. La organización ha hablado con personas afectadas por la falta de agua y hoy comparte sus testimonios. Son los primeros damnificados de una situación que, si no se actúa de forma urgente y decidida, empeorará sin margen de duda. Sin embargo, la política agraria ha apostado por una agricultura de regadío intensivo e industrial totalmente sobredimensionada y no adaptada al clima mediterráneo.

¿Qué se puede hacer contra la sequía?

Para proteger y garantizar el acceso equitativo a agua de calidad de todas las personas y ecosistemas, Greenpeace lleva años reclamando un cambio en la política hídrica en nuestro país que pase por:

  • Superar la política hidráulica tradicional, centrada en la ejecución de grandes obras, y abordar una verdadera transición hidrológica justa que responda al actual contexto de cambio climático.
  • Luchar contra el grave estado de sobreexplotación y contaminación que sufren nuestras aguas y prestar especial atención a las aguas subterráneas, al ser reservas estratégicas y aún muy desconocidas.
  • Reducir nuestra vulnerabilidad al riesgo de sequía, aminorando la cantidad total de agua consumida, fundamentalmente por el regadío intensivo e industrial, al ser éste el mayor consumidor (80% del total).
  • Incluir a la ciudadanía en la gestión del recurso del agua y de los riesgos hídricos, a través de procesos participativos reales y asambleas ciudadanas.
  • Implantar regímenes de caudales ecológicos científicamente establecidos.
  • Cerrar el más de un millón de pozos ilegales repartidos por toda la geografía española.
  • Orientar las políticas agrícolas y ganaderas hacia la sostenibilidad y la reducción del consumo de agua, a través de una transición hidrológica justa.
  • Establecer una hoja de ruta para potenciar la agricultura ecológica y reducir la cabaña ganadera en intensivo en un 50 % para 2030.
  • Adaptar las políticas forestales a las necesidades del país más árido de Europa.
  • Aumentar el presupuesto destinado a la gestión forestal —que debe centrarse en la planificación y protección de los recursos hídricos— para avanzar en la adaptación de los bosques mediterráneos al cambio climático y, por tanto, en la protección de suelo y agua (gestión ecohidrológica).                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                Si la situación de los embalses es grave, la próxima semana, Greenpeace presentará la investigación “SOS ACUÍFEROS”, con datos sobre el estado de las reservas de agua subterráneas, nuestra garantía de agua para el futuro. La situación, analizada por Datadista para la organización ecologista, es más alarmante de lo que se esperaba.

Julio Barea | Greenpeace España

Urgente: Hablemos de sequía, consumo y estrategia colectiva

Desde Fundación Global Nature (FGN), continuamos con el análisis de la preocupante situación de sequía que vivimos en la actualidad: en un primer lugar hablamos de su sustancial relación con el cambio climático y en segundo de acuíferos y humedales.

Hoy, con la mirada popular puesta en el racionamiento de agua y en el desabastecimiento, en las restricciones de riego en cuencas por todo el país, en los embalses por debajo de la capacidad que garantiza un suministro de agua para los ciudadanos y en los expedientes sancionadores contra empresas hidroeléctricas que han decidido vaciar los embalses durante semanas críticas, Fundación Global Nature propone preguntarse cuál es la estrategia colectiva para afrontar la sequía.

A partir de los modelos de cambio climático, sabemos que esta situación se va a repetir en los próximos años, con mayor frecuencia e intensidad. Hay que tener presente la disminución esperada en las precipitaciones, el aumento de las temperaturas (que aumentan la evaporación y, por tanto, las necesidades hídricas de la vegetación) y la ya avanzada desertificación que amenaza más del 50% de la superficie del país. Y ser conscientes de que, pese a este escenario, el consumo de agua nacional y el déficit hídrico aumentan.

La sequía es una realidad histórica de la península ibérica, aunque en los años recientes acosa al país con más intensidad, como ocurre durante este anómalo verano. En nuestro país, predominantemente árido, aproximadamente el 70% de las aguas se destinan a usos agrarios y es heredero de ancestrales regadíos históricos, ocupando el octavo puesto con mayor huella hídrica del mundo. De hecho, en la escasez de agua se manifiestan de manera clara e inquietante los desafíos que el cambio climático y el modelo productivo agrario planten a nuestro territorio.

Y en este contexto, desde Fundación Global Nature queremos insistir en que hemos dejado pasar una excelente oportunidad para hacer que nuestra agricultura se adapte al porvenir climático y de escasez de agua. En la propuesta de la PAC, cuya publicación se espera para después verano, no existe exigencias para que los productores que reciban estos fondos cumplan con planes de utilización racional del agua. Tampoco existe un freno explícito a los regadíos que aumentan año tras año y ,de hecho, los fondos de desarrollo rural dan pie a la expansión de nueva infraestructura de riego acompañados por inversiones estatales en regadíos en el Duero o el Ebro.

Tercer ciclo de Planificación Hidrológica
España es el país con mayor número de embalses de la Unión Europea y el quinto del mundo. Por ello, la capacidad de gestionar la escasez de agua hoy en día no es comparable a la situación de principios del siglo pasado. Tenemos herramientas para planificar el uso de agua: para ello se está desplegando en la actualidad el Tercer ciclo de Planificación Hidrológica, un paquete legislativo para el periodo 2023-27 que será transcendental.

Esta ley deberá dar respuesta tanto a la gestión del agua para consumo humano, agricultura, industria como al mantenimiento de los espacios naturales. El mismo gobierno admite que es necesario plantear “disminuciones de la utilización del agua del orden del 5% para 2030 y del 15% para 2050” para el consumo general.

Impacto en el sector agrario
Entre un 70 al 80% del consumo de agua en España es con fines agrarios, sin tener en cuenta las extracciones ilegales. Desde los años 50 del siglo pasado, se ha pasado de aproximadamente 1 millón de ha en regadío a 3,7 millones. Sin embargo, las precipitaciones han disminuido en tanto, 6% y el número de días de lluvia en un 7% a 2050 (Plataforma AdapteCCa, escenario RCP 8,5), lo que hará muchas de estas producciones inviables en la Península Ibérica. Por tanto, para mantener el patrón de consumo actual, nuestras opciones pasan por externalizar el impacto importando ingredientes desde terceros países con climatología más favorable. Lo cierto es que llueva o no llueva, la tendencia actual de consumo de agua no es viable.

El dato positivo de que el 77% de esta superficie pertenece a los llamados sistemas de riego eficiente (goteo o microaspersión, automotriz y similares), aunque no debemos olvidar el rol de algunos regadíos tradicionales en el mantenimiento de los humedales. Por otro lado, muestra que mejorar la eficiencia de riego nos ha hecho caer en la paradoja de Jevons: una mejor eficiencia del uso del agua no va a hacer desaparecer el exceso de consumo ni la proliferación de regadíos ajena a los recursos hídricos reales.

Por su parte, la campaña agrícola presenta pobres expectativas. Se espera, por ejemplo, que la campaña del olivo, adaptado y tolerante a la aridez peninsular, cierre con un 80% menos de producción que la media. Y aun así, en los últimos años han seguido proliferando de regadíos superintensivos de este cultivo, con un consumo típico de entre 2000 a 3000 L por hectárea.

El modelo superintensivo se ha multiplicado por las diferentes cuencas hidrográficas al compás del mercado, sin otro límite que el del agotamiento o salinización de las reservas de agua; notablemente en zonas áridas con mayor evapotranspiración y, por tanto, demanda final de agua, o en zonas ambientalmeolinte sensibles como Doñana.
Y aquí es donde desde FGN creemos necesario lanzar la pregunta de si es legítimo este modelo de producción que a costa de los recursos públicos ahonda el déficit hídrico.

Asumiendo que no queramos tener una dependencia excesiva de lo que otros países, las mejores estrategias pasan por aprovechar hasta la última gota y, en el caso de la agricultura y la ganadería, asegurar que podemos utilizarla del modo más eficiente posible sin exceder el límite de los recursos disponibles.

Consumo del ciudadano
Un 14% de toda el agua consumida en España se destina a consumo urbano y, por lo tanto, los hábitos de consumo del ciudadano son proporcionalmente importantes en la huella hídrica. De hecho, el consumo de agua doméstico se ha visto reducido por las mejoras en la eficiencia de electrodomésticos, de la red y por la adopción de hábitos más sostenibles. Más allá de cerrar el grifo, y otras acciones que hemos naturalizado a golpe de factura, nuestra alimentación tiene un peso importante. Por ejemplo, un desayuno potente con tostadas con aceite y tomate, mantequilla, mermelada y fruta puede “costar” cerca de 1400L de agua. Cualquier huella hídrica enmascara el agua superficial, y subterránea, incluyendo aquella empleada en la producción de los alimentos (y de alimentos importados y su llamada huella hídrica virtual). Un cambio de dieta podría ser fundamental en el ahorro de agua, de hecho, la dieta norteamericana supone un consumo de agua un 29% mayor frente al modelo español y si recuperamos la dieta verdaderamente mediterránea, aspiraríamos a reducir aproximadamente 720 L por persona y día. Por lo tanto, el modelo (intensivo) de producción de alimentos está en cuestión. Aquí conviene recordar lo importante de reducir el desperdicio de alimentos, que puede llegar a suponer ¼ de huella hídrica.

En cualquier caso, no es justo achacar al ciudadano la responsabilidad, mientras el modelo productivo no se ajuste al escenario ambiental real
Patricia Ruiz Rustarazo

Doñana sufre un episodio de mortandad de aves acuáticas que afecta a especies en peligro crítico de extinción

 En los últimos días se han recogido decenas de aves acuáticas muertas, y otras enfermas, debido a un episodio que aún está por esclarecer, pero que podría estar relacionado con brote de cianobacterias tóxicas.

SEO/BirdLife ha podido confirmar sobre el terreno las consecuencias de este episodio de mortandad de aves acuáticas en la Dehesa de Abajo, dentro del Espacio Natural de Doñana. Según sus primeras estimaciones, han sido unas decenas de aves acuáticas, principalmente ánades azulón y friso, y fochas comunes, las que han sido recogidas muertas o moribundas. La ONG ambiental subraya que la situación es extremadamente preocupante porque entre las diferentes anátidas que han aparecido muertas se han recogido también, desde el pasado martes al menos, 15 cercetas pardillas, muchas de ellas adultas, tres ejemplares de focha moruna, y dos porrones pardos, todas ellas catalogadas como “En peligro crítico de extinción” en España según el reciente Libro Rojo de las Aves de España. También se recogió, en este caso viva, una malvasía cabeciblanca, igualmente catalogada como “En peligro de extinción” en España, la cual estaba acompañada de varios pollos, alguno de los cuales no han sido capturados aún.

Calor y mala calidad del agua

Todo apunta a que el episodio actual se corresponde con un brote de cianobacterias, aunque aún se están investigando las muestras y las aves recogidas. SEO/BirdLife, que ha informado a las diferentes Administraciones públicas con competencias, solicita que se realicen las pertinentes necropsias para identificar la causa de la muerte de los ejemplares, de manera que se puedan tomar las medidas más pertinentes para evitar nuevas mortandades. Además, la ONG pide que se agilice la extracción de todos los ejemplares muertos y afectados, y que se vacíe con celeridad la laguna, asumiendo que se trata de una medida excepcional para limitar el potencial impacto del episodio. “Para evitar estos episodios es necesario establecer un adecuado mecanismo de gestión hídrica de la laguna, que permita gestionar el riesgo preventivamente, es decir, que reduzca la vulnerabilidad de las especies amenazas presentes en el humedal. Para ello, la única solución preventiva es la garantía de agua en cantidad y calidad suficiente que permita al humedal ser resiliente a estos fenómenos extremos”, explica Carlos Molina, biólogo de la Oficina Técnica de SEO/BirdLife en Doñana. Dada la importancia del espacio para la cerceta pardilla, es una zona de actuación dentro del LIFE en marcha para contribuir a su recuperación, y podrían canalizarse fondos adicionales precisamente por su reconocimiento oficial como especie “En Peligro Crítico”, lo que hace más urgente y a la vez posible realizar las actuaciones necesarias para la mejora estructural de la gestión del agua.

Estos episodios son fenómenos recurrentes en humedales mediterráneos, donde se asocian algunas variables que hacen que se activen estos brotes, entre ellos: altas temperaturas, escasa renovación de las aguas y altas cargas de nutrientes. Estas circunstancias activan procesos de eutrofización que terminan con un desarrollo excesivo de cianobacterias, en ocasiones tóxicas, que pueden afectar letalmente a las aves acuáticas.

Una gestión adaptada a las nuevas condiciones climáticas

Las altas temperaturas en la zona, que alcanzan los 42ºC en Puebla del Río (Sevilla), han podido ser el detonante del episodio. SEO/BirdLife apunta que, aunque el clima local se caracteriza por temperaturas medias anuales elevadas con veranos muy cálidos y fases de altas temperaturas, como la actual ola de calor, estos eventos se van a hacer más recurrentes y extremos. Por ello, el compromiso que deben asumir las diferentes Administraciones públicas es realizar una gestión preventiva, así como planificar la gestión del agua para asegurar en todo momento las condiciones adecuadas para la reproducción de las aves, especialmente de las especies amenazadas, que a día de hoy ya no encuentran dentro del parque nacional las condiciones necesarias para la reproducción. “La mala situación hídrica del parque nacional impide la reproducción de estas especies, lo que convierte a estos humedales artificiales, como la Dehesa de Abajo, en potenciales sumideros de aves si no reúnen las condiciones ambientales necesarias cada año”, alerta Molina.

Un lugar único en el mundo

La Reserva Natural Concertada Dehesa de Abajo, en La Puebla del Río, es una laguna artificial formada por las entradas combinadas y controladas de las aguas del arroyo Majalberraque y las aguas de la pluviometría directa. La combinación de hábitats y la presencia estable de lámina de agua, hacen de este humedal artificial una zona húmeda con un elevado interés ecológico y especialmente ornitológico dentro de la Red Natura 2000 de Doñana. Así, son varias las especies de aves acuáticas en peligro de extinción que se reproducen en este humedal, entre ellas las cuatro anátidas más amenazadas de España y Europa: porrón pardo, focha moruna, cerceta pardilla y malvasía cabeciblanca, convirtiendo a este enclave en el único lugar del mundo donde se da esta circunstancia frecuentemente.

Doñana se extingue

El último Informe de estado de los acuíferos del entorno de Doñana publicado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir certifica que Doñana atraviesa su década más seca desde 1970 y que la precipitación en el parque nacional en el año hidrológico 2020-2021 se ha reducido aún más respecto al año anterior. Sin embargo, la sobreexplotación no cesa y afecta al 62% de los sectores del acuífero, que se encuentran en una situación peor a la que le correspondería según la pluviometría.

Para SEO/BirdLife es obvio que la conservación a largo plazo de Doñana pasa por reducir la cantidad actual de extracción de agua para mejorar la recuperación del acuífero y, con ello, la funcionalidad de los procesos y su capacidad de respuesta ante los retos climáticos presentes y futuros. La comunidad científica ya reconoce la existencia de afecciones sobre los ecosistemas, los hábitats y las especies y que la resiliencia del ecosistema ya ha sido gravemente dañada. La escasez de precipitaciones y la sobreexplotación de las masas de agua, ha provocado que, un año más, la reproducción de las aves acuáticas en la marisma del Parque Nacional de Doñana haya sido un fracaso casi absoluto, sumándose a la peor invernada de las dos últimas décadas.

A pesar de la realidad que sufre Doñana, siguen existiendo apuestas que, de ejecutarse, serán la puntilla del futuro del humedal, como la propuesta de ley para regularizar 1.600 hectáreas de regadío ilegales. Las Administraciones públicas con competencias deben revertir la situación de forma coordinada y, especialmente, aplicar las medidas que reclamamos desde hace años para conseguir, entre todos, salvaguardar el futuro de Doñana.

Foto: Cercetas pardillas muertas en Dehesa de Abajo (Doñana). Autor: Carlos Molina-SEO/BirdLife

España se convierte este viernes en la sede mundial contra la desertificación y la sequía

Este viernes 17 de junio, Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, Madrid se convierte en sede mundial de Naciones Unidas para la lucha contra este grave problema, con un evento que reunirá a políticos y expertos en agua de varios países para hablar del futuro que nos espera. Y es que el agua es, y cada vez será más, un problema de primer orden global. En nuestro país, las reservas de agua están al 48,17% de su capacidad, más de un 20% menos que la media de los últimos diez años. Las cuencas en peor estado son las del Guadalquivir y el Guadiana, con apenas un tercio de sus reservas.

Ante este panorama, y dada la necesidad de exigir medidas urgentes que solucionen la futura crisis del agua, Greenpeace arranca su campaña “SALVAR EL AGUA” con la que, desde hoy y en los próximos meses, pretende sensibilizar sobre un problema grave de nuestro país: tenemos poca agua, cada vez habrá menos y, la poca que tenemos, está contaminada y mal gestionada. Además de un breve dossier explicativo, la organización lanza hoy un video, en el que participa el actor Álvaro Morte (La Casa de Papel), para alertar sobre los principales riesgos del agua en nuestro país.

En unos días arranca el verano y, en plena ola de calor, afrontamos el periodo estival con un problema creciente: hay reservas críticas para garantizar todos los usos de agua. Ya en el inicio del año hidrológico, el 1 de octubre, las reservas se encontraban en mínimos y, aunque las lluvias de marzo y abril aliviaron algo la situación, en algunas cuencas, la falta de precipitaciones de estos meses ha empeorado significativamente la situación. De hecho, las lluvias han sido escasas, un 22% por debajo de lo habitual para las fechas en la que nos encontramos.

A la escasez de lluvia, se suma el aumento de temperaturas que genera más evaporación, es decir, menos agua disponible. Y, por si fuera poco, sigue aumentando la contaminación del agua con vertidos urbanos, industriales y, especialmente preocupantes, los procedentes de la agricultura industrial y las macrogranjas, por su extensión y distribución difusa por todo el territorio nacional.

Y lo peor está por venir según expertos en meteorología. El cambio climático agravará la situación en los países del Mediterráneo. Se perderán hasta un 30% de media de precipitaciones y los periodos secos serán cada vez más prolongados. Sin duda esto afectará a la agricultura, que aumentará sus pérdidas, pero también a los ecosistemas acuáticos y probablemente al abastecimiento de pueblos y ciudades.

“Tenemos que administrar bien el agua que tenemos, pero hay que hacerlo en los periodos donde las reservas sean suficientes, no ahora que ya no hay agua. Las soluciones no pasan por realizar más infraestructuras como embalses, trasvases o desaladoras. Tampoco por reducir los ya exiguos caudales ecológicos que han hecho que nuestros ríos sean auténticas cloacas sin caudal, contaminadas y sin vida. Las soluciones pasan por trabajar para disminuir el incesante consumo, especialmente de una agricultura y ganadería industriales e intensivas, muy demandantes de agua e insumos químicos”, explica Julio Barea, responsable de agua en Greenpeace España. “De nada servirá esta próxima cumbre de la ONU sobre desertificación y sequía si no se atajan las verdaderas causas: el consumo descontrolado de agua para regadíos, macrogranjas, industria, turismo y demás intereses económicos, que priman sobre los ecológicos y los límites planetarios. Pero ojo, porque el agua es finita.”

Greenpeace abre hoy también una recogida de firmas para pedir apoyo público contra la actual mala gestión del agua

Urge hablar de sequía, inversión y cambio climático

Ante la falta de lluvias y temperaturas anormalmente cálidas, que está poniendo en jaque a nuestros agricultores y ganaderos, Fundación Global Nature analiza la situación actual basándose en su experiencia a pie de campo, para tratar de analizar los impactos, la necesidad de inversión y las posibilidades de anticipar adaptaciones o soluciones
 

Desde hace unos años, la escasez del agua y otras consecuencias del cambio climático se están convirtiendo en una amenaza demasiado frecuente en nuestro país. Este invierno, con falta de lluvias y temperaturas anormalmente cálidas, adelanta meses complicados. El informe del IPCC de especialistas en cambio climático que se ha hecho público esta semana, avanza previsiones poco halagüeñas, como que las olas de calor que ahora se producen una vez cada 50 años tendrán lugar cada vez con más asiduidad, incluso todos los años, y hace balances devastadores como que los últimos 50 años, la pérdida de cosechas debido a la sequía y al calor extremo se ha triplicado en toda Europa. Ante esta situación, Fundación Global Nature analiza las consecuencias de la sequía que vivimos en diferentes ámbitos, basándose en su experiencia a pie de campo, para tratar de analizar los impactos, la necesidad de inversión y las posibilidades de anticipar adaptaciones o soluciones.
 

La realidad es que ahora acumulamos años de observaciones meteorológicas y cada vez tenemos mejores modelos climáticos con predicciones más precisas a medio plazo. Con la actual tendencia de calentamiento, Europa del sur será la zona más castigada y España, de las más vulnerables.
“Sabemos que este año no tiene precedentes en cuando a falta de precipitaciones, y en base a los modelos del ECMWF (Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo), podemos decir que en España batirá de nuevo otro triste récord. Antes esta situación, ni la primavera más lluviosa parece que podrá contrarrestar la falta de recarga hídrica que ocurre durante el otoño y el invierno en nuestros campos”, explica el coordinador de proyectos de Fundación Global Nature, Jordi Domingo. “Y no somos los únicos, un reciente estudio confirma que el periodo de sequía extrema que sufre California desde principios de siglo es el peor de los últimos 1.200 años, y para alejar cualquier atisbo de duda sobre el origen de esta anomalía, los autores incluso cuantifican el grado de responsabilidad del factor humano en todo este problema.  Este año ha tocado sequía, pero no sabemos que puede ser lo siguiente», añade.
 
La inversión en cambio climático es rentable
La prestigiosa agencia de comunicación Futerra aseguró hace años que el cambio climático había dejado de ser un problema científico para pasar a ser un reto en materia de sensibilización: el reto está en sensibilizar a quien pueda actuar. Lo que es cierto es que es necesaria inversión y no sólo pública, sino de las grandes empresas que pueden marcar la diferencia: hay que conseguir que el cambio climático se integre en las estrategias empresariales, ligado directamente a sus balances anuales de ganancias y pérdidas. “Mientras nos decidimos a creer en lo inevitable, otros ya están pagando un precio muy alto”, apunta Jordi Domingo.
 
En este sentido, FGN ha desarrollado en los últimos meses en colaboración con diversos socios europeos y con Copernicus diversas herramientas enfocadas al sector agrario en el que se da un paso sustancial: traducir la información climática, en muchos casos compleja, poco adaptada a las necesidades del sector y difícilmente interpretable, a un lenguaje más cercano a los agricultores. Las olas de calor o la sequía se pueden describir con variables meteorológicas, pero en este caso se traducen en impactos calibrados específicamente para una zona, un cultivo e incluso fase de éste (por ejemplo, la cantidad de días que se sobrepasa una temperatura determinada y el grano de un cereal queda arruinado o la flor de un cultivo es estéril y no puede transformarse en fruto). Esta información permite a los gestores de estos espacios agrarios adelantarse a las condiciones que sufrirán a medio plazo y sobretodo hacerlo de una manera pragmática, con una información que son capaces de interpretar y posibilitando la puesta en marcha de estrategias de adaptación.
 
Es necesario visibilizar la dimensión de las consecuencias del cambio climático para cualquier negocio: el clima lo determina casi todo y leves ajustes mueven todas las piezas del tablero. “Unas simples variaciones pueden desencadenar restricciones de agua, contaminación atmosférica, desastres naturales, mayores necesidades energéticas, falta de suministro de ciertas materias primas o tensiones socioeconómicas. Poco importa a lo que se dedique la empresa, los efectos serán negativos. Algo que, por cierto, también predicen los estudios. Más allá de la ética es una cuestión puramente pragmática”, en palabras del coordinador de FGN.
 

Patricia Ruiz Rustarazo

La sequía ya está aquí

  • El aumento de las temperaturas por el cambio climático genera más evapotranspiración y, por tanto, cada vez habrá menos agua disponible
  • Las reservas de agua embalsada apenas alcanzan un 44%. La mala gestión y la contaminación agravan aún más la situación, por lo que urge acabar con la insensata política hídrica de las administraciones
  • España es ya el país más árido de Europa y el 75% de su territorio es susceptible de sufrir desertificación

Han llegado las precipitaciones a la península, pero son tan escasas que no cambiarán el delicado estado de salud de nuestras cuencas fluviales. El problema es que la sequía es más que la ausencia de lluvias. No se trata de cuánto llueve sino de cuánta agua disponemos. Y cada vez habrá menos.

Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) el mes de enero ha sido el segundo más seco del siglo y el quinto más seco en 60 años. Las reservas de aguas embalsadas apenas alcanzan un 44% de media y parece que la situación podría agravarse en las próximas semanas. Las sequías son un fenómeno natural y recurrente en España y las lluvias, desde que hay registros fiables (1961), han fluctuado entre máximos de 903 mm (en 1963) a mínimos de 468 mm (en 2017). Entonces, ¿por qué cada vez dispondremos de menos agua?

El primer factor de la disminución del agua disponible es la mala gestión: regadíos sobredimensionados, robo de agua, pozos ilegales, trasvases innecesarios, urbanismo desmedido y, en general, sobreexplotación de los recursos hídricos. El agua no es infinita. En España la política hídrica ha ido encaminada a satisfacer cualquier demanda de agua, por insostenible que sea. Tal es el caso, por ejemplo, de Andalucía, donde el Parlamento quiere legalizar más de 1.400 hectáreas de regadío en el entorno del Parque Nacional de Doñana, a pesar de que la propia Comisión Europea ha advertido que no hay agua para esos riegos. Y, por si fuera poco, crecen en nuestro país los cultivos de climas lluviosos y tropicales como el maíz, el mango o el aguacate, en lugar de otros cultivos de secano, más propios de nuestro clima.

El segundo factor, y no menos importante, está en las consecuencias del cambio climático en toda la península. A más calor, más evapotranspiración y por tanto, mucho menos agua disponible, además de menores precipitaciones. Con el calentamiento de los océanos, aumentarán también las lluvias irregulares, con aguaceros e inundaciones que no suponen un suministro regular de agua y son causa de graves daños humanos y materiales.

Y en tercer lugar, aun teniendo poca agua, la contaminamos. Los vertidos urbanos, industriales y agropecuarios envenenan los acuíferos. En la actualidad, por ejemplo, muchos pueblos cercanos a macrogranjas no disponen de agua potable, ante la cantidad de nitratos que la hacen inservible para el consumo humano.

“Las sequías no se gestionan cuando hay sequía, sino cuando hay agua”, explica el responsable de agua en Greenpeace, Julio Barea. “Este otoño no ha llovido suficientemente pero se ha seguido regando como si nada. Si no se cambia la gestión del agua, nos dirigimos a una futura catástrofe”

España es ya el país más árido de Europa y el 75% de su territorio es susceptible de sufrir desertificación. La sequía provoca pérdidas económicas, riesgo sanitario, problemas sociales y graves impactos medioambientales.

Es fundamental abordar, con urgencia, este problema para garantizar la disponibilidad del recurso más necesario para la vida, por lo que Greenpeace demanda medidas urgentes como:

Cambiar la política hidráulica tradicional centrada en la ejecución de grandes obras.
Luchar contra el grave estado de contaminación que sufren nuestras aguas continentales (superficiales, subterráneas y costeras).
Implantar regímenes de caudales ecológicos científicamente establecidos.
Poner freno a la edificación y a la construcción de instalaciones muy demandantes de agua (campos de golf, parques temáticos…), especialmente salvaguardando emplazamientos cercanos a espacios protegidos o costas.
Cerrar el más de millón de pozos ilegales repartidos por toda la geografía.
Adaptar las políticas forestales a las necesidades del país más árido de Europa.
Establecer una hoja de ruta de cara a incrementar la superficie dedicada a la agricultura ecológica y el uso de variedades locales adaptadas al clima.

Reconversión del regadío intensivo y superintensivo a explotaciones sostenibles, diversificadas y de bajo consumo de agua.
Prohibir los nuevos proyectos de ganadería industrial y apoyar la producción extensiva, local, de calidad y ecológica.
Establecer la hoja de ruta que logre la transformación completa del sistema energético actual hacia un sistema 100% renovable.

Julio Barea |Greenpeace

Las actuales lluvias no garantizan el futuro abastecimiento de agua

A pesar de que el verano de 2021, en cuanto a precipitaciones, ha sido más húmedo de lo normal, nuestro país ya tiene la cuenca del Guadalquivir declarada en sequía y otras, como la del Guadiana, Duero, Guadalete-Barbate, Mediterráneas andaluzas, Segura o Miño-Sil, están por debajo del 40 % de sus reservas. Greenpeace se ha desplazado hasta Andalucía para mostrar, en imágenes, la situación hídrica de parte de nuestro país.

Los informativos llevan semanas hablando de lluvias, DANAS y desbordamientos en distintos puntos del país, pero estas precipitaciones, abruptas y desiguales, no garantizan las reservas de agua necesarias para todo nuestro territorio. El pasado domingo, 5 de diciembre, se celebraba el Día Mundial del Suelo y cabe alertar de que España sigue siendo el país de Europa con mayor riesgo de desertificación: el 75 % de su territorio se encuentra en peligro de sufrirla y un 6 % ya se ha degradado de forma irreversible.

El problema de la falta de agua no solo se debe a la disminución de las precipitaciones (agravada por la crisis climática), sino que depende también de la mala gestión de los recursos hídricos (regadíos industriales, trasvases, pozos ilegales, exportación…) y del grado de contaminación de las aguas (por factores como la industria, las macrogranjas, la agricultura intensiva…). La cuenca del Guadalquivir es un buen ejemplo de este problema. Allí se pretende justificar como “sequía” una situación de escasez hídrica, que ha sido provocada por la enorme demanda de recursos hídricos por parte de los regadíos de uso intensivo (especialmente el olivar). Sin embargo, cabe recordar que ninguna de las subcuencas de la demarcación del Guadalquivir ha superado el umbral de “sequía meteorológica”, es decir, no ha habido escasez de precipitaciones propiamente.

Cuando estamos en pleno proceso de presentación de alegaciones al plan hidrológico de la cuenca del Guadalquivir, es preocupante la apuesta que este plan hace por el olivar intensivo e hiperintensivo, que puede llevar al colapso hídrico de la misma. Deberíamos planificar ya una transición hídrica justa para el sector agrícola andaluz, adaptada a los escenarios de cambio climático”, ha explicado Luis Berraquero, coordinador de Greenpeace en Andalucía.

Greenpeace ha recorrido Andalucía para mostrar, en imágenes, las causas y efectos del problema del agua en nuestro país. Su principal cuenca hidrográfica, la del Guadalquivir, fue declarada oficialmente “situación excepcional por sequía extraordinaria” el día 2 de noviembre. Según Julio Barea, responsable de agua en Greenpeace, “las imágenes muestran una realidad alarmante y no se puede seguir mirando para otro lado. Es imprescindible cambiar el modo en el que administramos los recursos naturales para mitigar los efectos de la desertificación y las sequías venideras”

Dichas imágenes señalan la interacción en el problema de aspectos como:

  • Agricultura. Se ha apostado por un cambio en el modelo de producción agrícola modificando masivamente el regadío hacia el intensivo e industrial. Es el caso del olivar en toda Andalucía y en otras regiones, que ha pasado a ser el mayor consumidor de recursos hídricos de la comunidad andaluza. O el de los almendros, otro cultivo de secano, donde se han puesto en riego más de 100.000 hectáreas en solo 7 años. Ahora se está apostando también por cultivos tropicales, como el aguacate o el mango, que son grandes consumidores de agua al necesitar más de 8.000 metros cúbicos por hectárea.
  • Embalses. España es el país con más embalses per cápita del mundo, y sin embargo, actualmente nuestras reservas de agua superficial apenas alcanzan el 39 %. Esto es debido principalmente al consumo descontrolado y la mala gestión. Ello nos ha hecho tener toda nuestra red fluvial segmentada y gravemente afectada, en detrimento de la biodiversidad y del buen estado de nuestras aguas. Y, a pesar de ello, siguen en pie algunos nuevos proyectos de construcción y recrecimiento de estas infraestructuras hidráulicas.
  • Contaminación. Uno de los principales problemas de nuestras aguas son los vertidos y la contaminación. Especialmente grave es el aporte de nitratos y fosfatos procedentes de la ganadería industrial (existe un creciente número de macrogranjas repartidas por toda la geografía española), y los vertidos de aguas residuales urbanas e industriales que, por su volumen y toxicidad, suponen una grave afección a la calidad del agua.
  • Robo de agua y pozos ilegales. Existen en nuestro país más de un millón de pozos ilegales que extraen, sin control, el equivalente a lo que consumiría una población de más de 110 millones de personas. Estas aguas son un bien público y serán imprescindibles para gestionar con mayores garantías futuras sequías. No controlar estas ilegalidades supone un gravísimo problema que pagaremos en los próximos años.

Con el fin de mejorar la gestión del agua, Greenpeace considera urgente:

  • Cambiar la política hidráulica tradicional centrada en la ejecución de grandes obras.
  • Luchar contra el grave estado de contaminación que sufren nuestras aguas continentales (superficiales, subterráneas y costeras).
    Implantar regímenes de caudales ecológicos científicamente establecidos.
  • Garantizar el equilibrio entre las demandas de recursos y los recursos realmente disponibles, asumiendo los límites actuales de cada demarcación hidrográfica y previendo la reducción de las aportaciones que traerá consigo el cambio climático.
  • Poner freno a la edificación y a la construcción de instalaciones muy demandantes de agua (campos de golf, parques temáticos…), especialmente salvaguardando emplazamientos cercanos a espacios protegidos o costas.
  • Controlar los volúmenes de agua realmente utilizados y erradicar los usos irregulares de agua, empezando por los pozos ilegales
  • Establecer una hoja de ruta de cara a incrementar la superficie dedicada a la agricultura ecológica y el uso de variedades locales adaptadas al clima.
  • Reconversión del regadío intensivo y superintensivo a explotaciones pequeñas y medianas, sostenibles, diversificadas, de bajo consumo de agua, que contribuyan al equilibrio territorial y al asentamiento de la población rural.
  • Orientar la política hacia un nuevo modelo de uso y aprovechamiento del agua, que sea sostenible en términos ambientales y sociales, siendo imprescindible iniciar una transición hídrica justa.
  • Prohibir los nuevos proyectos de ganadería industrial y apoyar la producción extensiva, local, de calidad y ecológica.
  • Establecer la hoja de ruta que logre la transformación completa del sistema energético actual hacia un sistema 100 % renovable.

Julio Barea | Greenpeace España