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La creciente emergencia climática está abocando a nuestro planeta a las llamas

ARTÍCULO DE OPINIÓN de WWF con motivo del día de la naturaleza en la COP26, que se celebra mañana 6 de noviembre 

El cambio climático está modificando la forma en la que arde el territorio a escala global. La combinación de olas de calor prolongadas, sequías acumuladas y baja humedad, unida a una vegetación muy seca y bosques decaídos, está generando incendios excepcionales en zonas libres de incendios hasta ahora, como la región ártica. Además, eventos extremos y de una virulencia nunca antes vista están sucediendo cada vez con más frecuencia, en el arco mediterráneo, Europa central, Australia, Chile, California, Indonesia o la Amazonia. A escala mundial, la cifra de muertes por incendios se ha incrementado un 276 % en los últimos años. También se han alargado los periodos de riesgo a nivel global.

El origen de todos estos fuegos responde a distintas causas y motivaciones pero, independientemente del origen del fuego, estos incendios tienen algo en común: el cambio climático intensificó las condiciones de su propagación hasta que derivaron en episodios muy peligrosos e incontrolables. La creciente emergencia climática está abocando a nuestro planeta a las llamas. Estos terribles incendios son la imagen del futuro de los siniestros que nos esperan en muchas zonas del planeta. 

Consecuencias de los incendios sobre el clima

Los incendios tienen repercusiones sobre el clima a distintas escalas: en primer lugar, con la liberación directa de dióxido de carbono, principal causante del calentamiento global. En la actualidad, las emisiones brutas de carbono debidas a los incendios forestales equivalen al 25% de las emisiones globales anuales de los combustibles fósiles. Las emisiones debidas a los incendios en 2019 supusieron un repunte a nivel global. En total se liberaron 7.800 millones de toneladas de CO2, el equivalente a unas 25 veces las emisiones totales de España en un año. 

En segundo lugar, el carbón negro u hollín se deposita en el hielo del Ártico y evita que se refleje el calor del sol. En el Ártico, el derretimiento del permafrost emite millones de toneladas de metano, un gas de efecto invernadero 25 veces más potente que el CO2. La última consecuencia sería la destrucción de los bosques y de su potencial de absorción de CO2. Algunos estudios aseguran que, de continuar la actual tendencia de deforestación, para el año 2050 la Amazonía podría dejar de actuar como sumidero de carbono para convertirse en uno de los mayores emisores. 

En España, incendios vinculados al cambio climático: ‘superincendios’

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico publicaba hace apenas una semana el balance de la campaña de incendios de este verano en España. En él, se intuía cierto triunfalismo por la reducción del 25% del número de siniestros respecto a la media del último decenio, lo que convertiría al 2021, según el ministerio, en el tercer mejor año de la última década tras 2020 y 2018. Si bien este factor es positivo, el análisis obvia otros aspectos que nos dan a entender que claramente aún estamos lejos de gestionar bien los incendios forestales en nuestro país y que estos constituyen un riesgo creciente de orden público. Este análisis no menciona que la proporción de GIF (grandes incendios forestales) respecto al total de siniestros no ha parado de crecer en los últimos años y que, concretamente este verano, se ha incrementado en un 44 % respecto a la media del decenio. 

La virulencia de algunos de estos grandes incendios ha hecho que, en realidad, la campaña de 2021 haya sido una de las más destructivas de los últimos veinte años. Y que, aún con un 25 % menos de siniestros, se haya quemado un 5 % más de superficie. Además, dos de los GIF, el de Sierra Bermeja y el de Navalacruz, fueron extremadamente peligrosos. En el de Sierra Bermeja, que tristemente se cobró la vida de un bombero forestal, se formaron unas longitudes de llama de más de 30 metros de altura y la radiación podía sentirse a más de 200 metros de distancia. Incendios, que obligaron al desalojo de miles de personas y que, muy posiblemente, estuvieron vinculados al cambio climático.  

La región mediterránea es una de las zonas con mayor riesgo a nivel mundial. Junto a estas condiciones meteorológicas especialmente adversas, la alta siniestralidad e intencionalidad, el despoblamiento rural, el abandono de usos tradicionales, la escasa gestión forestal y la ausencia de políticas que gestionen coherentemente el territorio son el cóctel perfecto para que se registren incendios de alta intensidad, simultáneos e imposibles de apagar.

Si realmente aspiramos a hacer frente a los impactos de los incendios forestales, necesitamos de nuestros dirigentes políticos más reflexión, más actitud crítica y más ambición. No es suficiente con reducir el número de incendios. La actual emergencia climática pone de manifiesto la necesidad de transformar el territorio e invertir en paisajes resilientes. Hay solución 

Los expertos predicen que si no actuamos lo peor está por llegar y en los próximos años asistiremos a un número creciente de incendios y más severos. Por ello desde WWF pedimos a nuestros dirigentes políticos: 

En España: 

Políticas de prevención que pongan la gestión del territorio en primer plano, para lograr paisajes resilientes, menos inflamables, que conjuguen la recuperación de un tejido productivo con la prevención de incendios, la conservación de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. Para ello es fundamental la revitalización económica de las zonas rurales, que ponga en valor la silvicultura, la agricultura y ganadería extensivas, la trashumancia, y la lucha contra el despoblamiento, siempre bajo el prisma de la sostenibilidad. Ver informe de WWF Paisajes cortafuegos 

A nivel global: 

Políticas más ambiciosas para poner freno al calentamiento global y evitar una subida de temperatura global superior a 1,5°C. Para ello hay que acelerar la transición energética hacia una economía descarbonizada con medidas urgentes para conseguir una energía 100% renovable y un transporte y una alimentación sostenibles. Los líderes mundiales tienen la responsabilidad de abordar la crisis climática en la COP26, la 26ª Cumbre del Clima de la ONU y comprometerse, entre otros, a detener y revertir la pérdida de bosques y la degradación de la tierra para 2030. 

Solo una ambiciosa política de prevención puede evitar incendios devastadores como el de Sierra Bermeja

Ante el incendio extremo que lleva ardiendo cinco días en Sierra Bermeja, WWF alerta de que el cambio climático está acelerando e intensificando los grandes incendios más rápidamente de lo esperado. Estos superincendios de sexta generación, vinculados al cambio climático, han llegado para quedarse. Estos trágicos incendios evidencian que el monte, el sistema actual de lucha contra los incendios y la sociedad no están preparados para estas tormentas de fuego. WWF pide un cambio urgente de estrategia de lucha contra el fuego para evitar estos desastres. Es necesario actuar para estar mejor preparados para el nuevo escenario de incendios extremos, poniendo en marcha una ambiciosa política de prevención que ponga la gestión del territorio en primer plano. 

A día de hoy, la magnitud, virulencia e inestabilidad del fuego de Sierra Bermeja (Granada) ha obligado al desalojo de 3.000 personas de seis municipios o a pedir que permaneciesen encerrados en sus casas para evitar dramas como el incendio de Pedrogao en Portugal (2017) cuando cientos de personas perdieron sus vidas al tratar de abandonar en coche las zonas afectadas y verse atrapados en las carreteras por las llamas.

El incendio se encuentra fuera de capacidad de extinción. El propio director del operativo ha declarado con total crudeza que no importan el número de medios aéreos o terrestres a disposición, ya que este incendio no se podrá apagar hasta que cambien las condiciones meteorológicas, deje de soplar el viento, baje la humedad y la temperatura y llegue la esperada y deseada lluvia. Mientras eso ocurre, se trata de minimizar riesgos, velar por la seguridad de la población civil y de sus propiedades y optimizar medios y recursos con intervenciones para intentar que el fuego haga el menor daño posible. 

Para la organización, la actual política de lucha contra los incendios, basada exclusivamente en un avanzado sistema de extinción, está obsoleta y es ineficaz para combatir superincendios, como el actual de Sierra Bermeja. España es el país que más presupuesto invierte en extinción por hectárea y dispone de uno de los mejores sistemas de extinción a nivel mundial. Pero las estadísticas reflejan cómo, a pesar de ello, la tendencia es que cada año se producen más grandes incendios forestales (GIF), de mayor superficie  y más peligrosos. WWF alerta de que se están ignorando los efectos del calentamiento global y la acumulación de combustibles por el abandono de usos y gestión.

Según Maria Melero, programa de bosques de WWF España: “Este incendio ha puesto de manifiesto que es realmente urgente poner el foco en la gestión del territorio y combatir el cambio climático. Si no se toman medidas urgentes, el cambio climático y las implacables consecuencias del abandono de los montes nos condenan a un futuro cada vez más negro: veranos con grandes incendios simultáneos, muy virulentos e imposibles de controlar por los medios de extinción, que planteen auténticas emergencias sociales”.

Criterios de WWF para restaurar una zona afectada tras un incendio forestal:

La restauración de la zona afectada supone una excelente oportunidad para repensar el paisaje y prevenir incendios futuros. Para ello la estrategia de restauración debe perseguir con carácter urgente: la evaluación de riesgos y daños, la protección del suelo para evitar procesos erosivos y la compensación de daños a quienes han visto reducido a cenizas su medio de vida.
A corto plazo, el plan de restauración debe revisar los patrones del territorio anteriores al incendio (para enmendar errores del pasado), fomentar la regeneración natural y poner la gestión y reactivación económica del territorio en primer plano: gestión forestal, ganadería extensiva, tierras de cultivo de Alto Valor Natural. Los territorios vivos, diversos y rentables son menos inflamables y más resilientes. 

El plan de restauración debe perseguir un territorio mejor adaptado al fuego, que genere regímenes de incendios sostenibles tanto ecológica como socialmente, conciliando el aprovechamiento sostenible de los recursos, el secuestro de carbono, la conservación de la biodiversidad y fomentar el desarrollo rural de la comarca. 
La población local y la sociedad deben tener un papel protagonista en la toma de decisiones y en el diseño de los nuevos paisajes cortafuegos. 
Es imprescindible respetar los tiempos de la naturaleza, para adecuar las actuaciones y evitar impactos mayores tras el fuego.
Dotar al Plan de Restauración Integral del presupuesto suficiente para lograr los objetivos previstos, incluidas las labores de mantenimiento, seguimiento y evaluación necesarias a medio plazo.
El proyecto Mosaico, promovido por la Universidad de Extremadura y la Junta de Extremadura, tras el incendio de la Sierra de Gata en el año 2015, puede servir de referencia para diseñar una estrategia participativa de prevención de incendios basada en la recuperación de actividades agrícolas, ganaderas y forestales que gradualmente fijen población y recuperen un paisaje diverso y con menor riesgo. 

Cristina Martín 

 

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