La sequía golpea España: el calor y el consumo agotan las reservas de agua

Asturias recurre a camiones cisterna, Galicia mantiene alertas por escasez y Mallorca tiene sus reservas hídricas al 39%

La sequía también golpea Europa: los bajos caudales de los ríos afectan a la producción energética y han obligado a reducir o detener la actividad de reactores nucleares.

Coincidiendo con la COP17 contra la desertificación en Ulán Bator, Greenpeace reclama reducir la demanda agroindustrial de agua y aprobar un marco global vinculante frente a la sequía.

Greenpeace alerta de que la sequía y la escasez de agua se han convertido en un problema grave en España, también en territorios del norte tradicionalmente húmedos. El calor y una demanda de agua excesiva están reduciendo las reservas acumuladas durante las lluvias del invierno y la primavera.

La organización lanza esta advertencia coincidiendo con la celebración en Ulán Bator (Mongolia) de la COP17 de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, donde más de 190 países abordan la degradación del suelo, la sequía y la escasez de agua.

Para Greenpeace, la situación actual demuestra que las sequías deben gestionarse cuando todavía hay agua disponible, reduciendo la demanda y protegiendo las reservas, y no únicamente cuando comienzan las restricciones.

Sequía y escasez de agua en España
La situación afecta ya a diferentes territorios:

  • Asturias. La falta de agua en los pastos de montaña está perjudicando a la ganadería. En localidades del municipio de Siero, explotaciones y vecinos recurren a camiones cisterna privados, con costes de hasta 200 euros por cuba, mientras el sector ganadero reclama soluciones para garantizar el suministro.
  • Galicia. Augas de Galicia mantiene alertas por escasez que afectan a gran parte de los municipios gallegos. En áreas como Vigo, Pontevedra o A Coruña se han reclamado reducciones del consumo, mientras algunos concellos han limitado usos como el riego, el lavado de vehículos o el llenado de piscinas.
  • La Rioja y Navarra. El descenso de las reservas de agua está aumentando la presión sobre el sector agrario y ganadero, con consecuencias sobre la disponibilidad y el precio de la paja y los forrajes.
    Baleares. Mallorca ha reducido sus reservas hídricas globales hasta el 39% en pleno verano, aumentando la presión sobre sus acuíferos.

Mientras la ONU debate en la COP17 de Mongolia cómo frenar la desertificación, gran parte de las Administraciones en España siguen haciendo un uso insostenible del recurso, sobreexplotando los ríos para la agroindustria e industrias intensivas, contaminando los suelos y los cauces y permitiendo que un 30% del agua potable se pierda por fugas en tuberías defectuosas. La sequía no se gestiona cortando las duchas de la playa en agosto; se gestiona haciendo una correcta gestión de la demanda cuando los embalses aún tienen agua”, ha declarado Julio Barea, responsable de la campaña de Aguas de Greenpeace España.

La sequía también golpea Europa
La crisis hídrica trasciende las fronteras españolas. Los bajos caudales de grandes ríos europeos están afectando también al sistema energético.

La falta de agua suficiente para refrigerar los reactores sin elevar excesivamente la temperatura de los cauces ha obligado a reducir la potencia o detener temporalmente reactores nucleares en países como Francia, Hungría y Rumanía.

El episodio evidencia cómo la sequía puede tener consecuencias simultáneas sobre el abastecimiento de agua, la agricultura, los ecosistemas y la producción energética.

La falsa ilusión de abundancia
Para Greenpeace, la utilización de camiones cisterna en Asturias o las restricciones de agua en Galicia evidencian las limitaciones de un modelo de gestión hídrica que no está adaptado a los efectos del cambio climático.

Lo que estamos viviendo estos días en Galicia, Asturias, La Rioja o Mallorca no es un castigo divino ni una simple racha de mala suerte meteorológica: es el resultado inevitable de haber gestionado el agua bajo la falsa premisa de que es infinita”, señala Barea.

La organización recuerda que los periodos lluviosos no eliminan el riesgo de sequía estructural. Por ello, considera imprescindible ajustar el consumo a la disponibilidad real de agua y anticiparse a los episodios de escasez.

Ocho medidas de Greenpeace frente a la sequía
Coincidiendo con la COP17, Greenpeace reclama al Gobierno y a las comunidades autónomas sustituir las medidas de emergencia por una política preventiva de gestión del agua:

  • Un acuerdo vinculante en la COP17. Impulsar un marco internacional obligatorio para mejorar la prevención y la resiliencia frente a las sequías.
  • Reducir la demanda agroindustrial. Adaptar el consumo a la disponibilidad real de agua y reducir la presión de la ganadería industrial intensiva, priorizando modelos extensivos y familiares.
  • Reparar las redes urbanas. Auditar las redes de abastecimiento y acelerar las inversiones destinadas a reducir las pérdidas de agua potable.
  • Garantizar los caudales ecológicos. Limitar las captaciones para proteger ríos, humedales y ecosistemas acuáticos.
  • Cerrar pozos y captaciones ilegales. Perseguir las extracciones que sobreexplotan los acuíferos y comprometen reservas estratégicas de agua.
  • Proteger los acuíferos de la contaminación. Reducir la contaminación por nitratos y purines procedentes de la actividad agroindustrial.
  • Abandonar la “política del hormigón”. Priorizar la restauración de suelos, la prevención de la erosión y la recuperación de masas forestales frente a nuevos embalses y trasvases.
  • Limitar proyectos de alto consumo de agua. Evitar nuevos desarrollos turísticos, recreativos o industriales intensivos en agua en territorios sometidos a estrés hídrico y desertificación.

Greenpeace reclama que la gestión de la sequía deje de centrarse en restricciones de última hora y pase a reducir de forma estructural la demanda de agua, proteger los ecosistemas y adaptar los usos a unos recursos hídricos cada vez más limitados.

Julio BAREA | Greenpeace

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