Con motivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, declarado por Naciones Unidas, SEO/BirdLife recuerda que la agricultura desempeña un papel decisivo en el futuro de los territorios más vulnerables a la degradación del suelo, la pérdida de fertilidad y la escasez de agua. El modelo agrario que se aplique puede acelerar estos procesos o convertirse en una de las principales herramientas para frenarlos.
En un contexto marcado por el cambio climático, las sequías más frecuentes, la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los recursos hídricos, la organización subraya que la lucha contra la desertificación exige transformar la forma en que se producen los alimentos y se gestionan el suelo y el agua.
“La desertificación no es sólo un problema ambiental: es una amenaza directa para la seguridad alimentaria, la economía y la biodiversidad. La agricultura tiene que formar parte de la solución, pero para ello necesitamos políticas públicas coherentes, apoyo técnico y un marco que premie a quienes conservan suelo, agua y vida”, señala SEO/BirdLife.
De problema a solución
La desertificación está estrechamente ligada al cambio climático. El aumento de las temperaturas, la alteración de las lluvias y las sequías más intensas aceleran la degradación del suelo y reducen la capacidad de recuperación de los ecosistemas.
Aunque determinados modelos agrícolas intensivos contribuyen al cambio climático mediante emisiones de gases de efecto invernadero y un elevado consumo de agua y energía, la agricultura también puede ser una aliada frente a esta crisis.
Mantener cubiertas vegetales, aumentar la materia orgánica del suelo, utilizar fertilizantes naturales o conservar hábitats en el paisaje agrario ayuda a capturar carbono, mejorar la infiltración del agua, reducir la erosión y aumentar la resiliencia de las explotaciones.
Proyectos impulsados por SEO/BirdLife, como Olivares Vivos y Secanos Vivos, muestran que es posible avanzar hacia modelos agrícolas más rentables y compatibles con la conservación de la biodiversidad. Además, estudios recientes de Olivares Vivos han constatado que las fincas situadas en zonas semiáridas y especialmente vulnerables al cambio climático albergan niveles muy elevados de biodiversidad, lo que refuerza la necesidad de impulsar modelos productivos que protejan la flora y la fauna.
Suelos vivos, la primera barrera
El suelo fértil es uno de los recursos más valiosos y amenazados del planeta. Almacena carbono, retiene agua, sostiene la biodiversidad y hace posible la producción de alimentos. Sin embargo, la erosión, la compactación o la pérdida de materia orgánica pueden degradarlo durante décadas.
SEO/BirdLife advierte de que las prácticas que dejan el suelo desnudo, simplifican el paisaje o intensifican el laboreo aceleran su deterioro. Por el contrario, una agricultura que conserva la cubierta vegetal y favorece la biodiversidad actúa como una barrera eficaz frente a la desertificación.
Por ello, la organización defiende que las políticas agrarias, y especialmente la Política Agrícola Común, refuercen los incentivos a las prácticas que protegen el suelo y desincentiven aquellas que lo degradan.
Agua: un recurso límite
La desertificación tampoco puede separarse de la gestión del agua. En territorios cada vez más expuestos a la sequía y al estrés hídrico, SEO/BirdLife reclama una planificación basada en la prudencia, la legalidad y la sostenibilidad.
La organización recuerda a las administraciones públicas su responsabilidad en la planificación, autorización y control del uso del agua. Durante años, señala, se han permitido modelos de expansión agraria incompatibles con la disponibilidad real de recursos hídricos y se han retrasado medidas necesarias para proteger acuíferos, ríos y humedales.
Una agricultura con futuro necesita biodiversidad
Frente a la desertificación, SEO/BirdLife insiste en que la respuesta no puede ser una mayor intensificación agrícola ni una mayor presión sobre el agua, sino una agricultura capaz de producir alimentos conservando los recursos naturales de los que depende.
La organización reclama que la lucha contra la desertificación se integre de forma efectiva en las políticas agrarias, climáticas, hídricas y de conservación de la biodiversidad. Para ello, considera imprescindible apoyar a los agricultores que ya están impulsando cambios, reforzar el asesoramiento técnico y orientar las ayudas públicas hacia modelos que protejan el territorio y garanticen la sostenibilidad del campo.
Redacción | Agencias







