Crisis en el Mar Menor: ejemplo de un fracaso colectivo en el Día de la Biodiversidad

  • Esta semana han comenzado a aparecer decenas de peces muertos que, de nuevo, dan muestra de la pésima situación de sus aguas
  • Greenpeace se ha personado judicialmente contra diez empresas del Campo de Cartagena por su responsabilidad directa en el colapso ambiental de la laguna costera con mayores índices de biodiversidad del Mediterréano
  • El exceso de agua, generado principalmente por el trasvase Tajo-Segura, ha traído consigo un aumento de la agricultura y ganadería industriales y, con sus vertidos al mar, la asfixia de la mayor laguna salada de Europa

Este domingo 22, se celebra el Día de la Biodiversidad y es un buen momento para recordar que los esfuerzos que se están realizando por la conservación de nuestro entorno natural están siendo claramente insuficientes. Como ejemplo, solo el 3% de las aguas del planeta (y sus habitantes) están protegidas, sigue aumentando la deforestación y un millón de especies están en peligro de extinción. En resumen: la desaparición de la biodiversidad global está ocurriendo mil veces más rápido que si ocurriera naturalmente.

Un caso paradigmático: el Mar Menor

En nuestro país hay ejemplos que ilustran claramente la falta de voluntad para revertir el declive. Tal es el caso del Mar Menor. El regadío intensivo del Campo de Cartagena durante las últimas décadas ha provocado un flujo continuo de agua cargada de nitratos que ha ido a parar al Mar Menor, lo que ha producido su eutrofización y su colapso ambiental. A ello, se suma el continuado incremento de las macrogranjas en la Región de Murcia. Según un estudio estatal de impacto ambiental en la zona, solo en el Campo de Cartagena hay 680.000 cabezas de ganado porcino agrupadas en 450 explotaciones ganaderas intensivas que requieren 500 balsas de purines y que ocupan una superficie de 160 hectáreas. Esto se traduce en el vertido de 8.300 toneladas de purines sobre el Campo de Cartagena (78.008 hectáreas de superficie agraria útil), lo que supone 107 kg por hectárea. Según el estudio, de las 254 toneladas anuales de nitrógeno producidas al año, 153 se infiltran a los acuíferos y, así, llegan al Mar Menor.

Este cóctel tóxico, incentivado por el exceso de agua del trasvase Tajo-Segura, ha destruido la laguna costera con mayores índices de biodiversidad del Mediterréano. La muerte en el Mar Menor es tal que, en 2016, ya se estimaba que se habían perdido el 85% de las praderas marinas. Solo en especies como los caballitos de mar, se ha pasado de 190.000 ejemplares en 2012 a apenas docenas en la actualidad.

Y todo esto a pesar de contar con figuras de protección internacional como Humedal de Importancia Internacional, según la Convención sobre los Humedales Ramsar, Red Natura 2000 europea o figuras de protección nacional y regional. Normativa medioambiental que ha sido vulnerada reiteradamente.

Greenpeace en proceso judicial contra los responsables de este ecocidio

Desde hace casi dos años, Greenpeace forma parte de la acusación popular del caso Topillo por la contaminación del Mar Menor. En el origen de este proceso, había 39 empresas acusadas, más un alto cargo de la Consejería de Agricultura y otro de la Cuenca Hidrográfica del Segura. El año pasado, el Seprona denunció a otras 43 empresas y la Audiencia Provincial decidió, tras un recurso de las mismas, abrir 43 procesos independientes. Se trata de una maniobra clara de desarticulación de la causa judicial ya que, con este desmembramiento, se hace más difícil encontrar la responsabilidad conjunta en la comisión del delito.

Ante este nuevo escenario, y viendo la inviabilidad de sostener tantos procesos a la vez, Greenpeace ha decidido personarse contra las 10 empresas más relevantes, tanto por el volumen de vertido contaminante que han volcado al Mar Menor, como por el tamaño de la empresa y de negocio en el Campo de Cartagena. En estos días están teniendo lugar las primeras diligencias de investigación, con la declaración de los investigados. Greenpeace está haciendo un seguimiento de la situación preocupante ahora mismo en el Mar Menor y continuará trabajando para que se depuren responsabilidades.

Para Julio Barea, responsable de Agua en Greenpeace España, “proteger la biodiversidad es protegernos a nosotros mismos. Sin ella, no es posible tener agua, aire y sustento. La desidia e intereses económicos y políticos nunca deberían prevalecer ante la protección de nuestra naturaleza. El ejemplo más lamentable lo tenemos en el Mar Menor donde ninguna institución, responsable político o empresa quiere solventar realmente la pérdida irremediable de un entorno natural único e insustituible”.

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