Arranca la operación salida con trabas a la opción sostenible de viajar en tren y precios de avión falseados con subvenciones que paga la ciudadanía.

  • La organización denuncia el sinsentido de animar a la ciudadanía a volar en lugar de ir en tren, cuando los aviones son extremadamente más contaminantes y perjudiciales para el clima
  • Gracias a exenciones fiscales y subvenciones pagadas con el dinero de los contribuyentes, las compañías aéreas venden billetes «baratos» a un alto coste para el planeta y sus habitantes

A un día de la operación salida de vacaciones en España y en un contexto de emergencia climática, la foto de la movilidad no parece haber cambiado mucho en los últimos años: exceso de coches, accidentes de tráfico, kilométricos atascos, vuelos low cost y trabas a las opciones sostenibles, como el tren, con billetes excesivamente caros. Quienes hayan estado comparando precios las últimas semanas se habrán dado cuenta de que por muy contaminantes y perjudiciales para el clima que sean los vuelos, continúan siendo mucho más baratos que los trenes. Y es que, según un reciente estudio de Greenpeace los viajes en tren son, de media, el doble de caros que los vuelos en Europa, y hasta cuatro veces más en España. De hecho, de todos los países analizados tenemos la mayor densidad de aerolíneas de bajo coste. Por ello, la ONG y pide voluntad política para abaratar el tren.

En 13 de las 14 rutas analizadas dentro, desde y hacia España, la opción más barata es siempre o casi siempre la más perjudicial: el avión. Incluso los vuelos nacionales son sistemáticamente más baratos que el tren, lo que desincentiva su uso en rutas como por ejemplo Málaga-Barcelona. La única excepción encontrada fue la ruta de Madrid a Barcelona. No obstante en esta ruta a pesar del excelente servicio de tren existente entre ambas ciudades en 2019 casi 2,6 millones de personas la hicieron en avión, lo que la convirtió en el quinto vuelo de corta distancia más utilizado de la UE en el que existen alternativas en tren. Prohibir este vuelo completamente inútil ahorraría 176.000 toneladas de gases de efecto invernadero, aproximadamente el equivalente a las emisiones anuales del parque automovilístico completo de Granada.

A pesar de su disparatada aportación a la emergencia climática, la aviación es la fuente de emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el transporte, que más rápido crece en la UE. Por ello Greenpeace insiste en que es hora de luchar por una tarificación justa entre trenes y vuelos y pide a las instituciones de la UE y a los gobiernos nacionales que posibiliten que viajar en tren sea más barato que volar, introduciendo, entre otras medidas, abonos únicos de transporte, como la propuesta que la ONG ha hecho para España, el “T-lleva”, y eliminando progresivamente las exenciones fiscales al queroseno.

Según un informe de Transport & Environment, España perdió en el año 2022 4.610 millones de euros debido a las exenciones fiscales que tienen los vuelos sobre el combustible, el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión y la exención del IVA.

Se está dificultando a la ciudadanía poder viajar de forma sostenible

El tren es  uno de los medios de transporte más ecológicos y eficientes en términos de emisiones de carbono. Sin embargo, en los últimos años, hemos sido testigos de una disparidad en los precios de los billetes de tren en comparación con los vuelos ofrecidos por las compañías aéreas de bajo coste. Esta brecha de precios termina incitando a muchos viajeros a optar por la opción más económica, el avión, en lugar del tren, debido a estos precios dopados e irreales. Esto ha llevado a un aumento en la demanda de vuelos, que contribuye al aumento de emisiones de gases de efecto invernadero y al calentamiento global.

En contraste, los servicios ferroviarios, que podrían proporcionar una alternativa más sostenible para viajar, se han enfrentado a la realidad de mantener costos operativos y de infraestructura que, en muchos casos, los vuelven menos competitivos en términos de precios.

“La explicación a esta situación son los sistemas de precios injustos que favorecen el transporte aéreo frente al ferroviario es que mientras que las compañías aéreas no pagan impuestos sobre el queroseno que utilizan, ni IVA en los vuelos internacionales y se benefician de subvenciones pagadas con dinero público, el ferrocarril tiene que pagar impuestos sobre la energía, IVA y cánones ferroviarios en la mayoría de los países”, ha comentado Cristina Arjona, portavoz de Greenpeace. “Esto hace que las aerolíneas se encuentren beneficiadas y los viajeros no estén pagando el importe real del trayecto realizado”, ha añadido.

Trenes nocturnos y transfronterizos

Mientras tanto, opciones para viajar de forma sostenible en distancias largas como los trenes nocturnos han desaparecido. Estos trenes podrían dar respuesta a rutas que en la actualidad son prácticamente inviables debido al coste y la duración que conlleva. Por ejemplo, la ruta Barcelona-Londres es hasta 30 veces más cara en tren que en avión y se puede realizar en menos de 11 horas. Actualmente tampoco hay trenes nocturnos con destino a España desde Europa, aunque está prevista una nueva conexión de Zúrich a Barcelona para 2024. En este análisis también se han localizado numerosas rutas sin una conexión razonable por tren, que podrían realizarse fácilmente en tren nocturno, como: Madrid y Barcelona con Roma, Lisboa con Madrid y Barcelona o Amsterdam-Madrid. Tampoco dentro del propio país, en el que desde la pandemia no han vuelto a restablecerse las rutas nocturnas existentes como las que conectaban  Madrid con A Coruña, Pontevedra y Ferrol y Barcelona con A Coruña y Vigo.

Las conexiones ferroviarias internacionales desde y hacia España tampoco son mucho mejores. Por ejemplo, sólo hay una conexión ferroviaria dos veces al día, y bastante precaria, entre Vigo y Oporto, y sorprendentemente, no se puede realizar de forma razonablemente cómoda y asequible el trayecto entre Madrid y Lisboa, separadas por poco más de 600 kilómetros.

Las conexiones con Francia tampoco son mucho mejores, a pesar de que a partir de este julio han aumentado a través de la ruta mediterránea, sigue sin haber buena conexión ferroviaria transfronteriza en la línea de la costa atlántica, por lo que resulta muy complicado y largo viajar, por ejemplo, de Bilbao a Burdeos.

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